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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Nachocimiento (Marina Mangieri)


La única manera de hacerte es a través de una obsesión. Obsesionarme con tu cuerpo, tu cara, tu sonrisa, tu mirada, tu mandíbula que recorta. Mirarte fijo por horas y recordarte las horas restantes. Encontrar en las formas tu ser desdibujado. Trazar líneas bailarinas en mi pupila con las notas de una canción callada por mi retina. Desmenuzarte hasta separar todas tus partes y volverlas a juntar; después desarmarlas de vuelta como un rompe-cabezas infinito en el que cada pieza debería encajar con todas las restantes de todas las maneras posibles. Lo imposible es sólo una condición. El infinito se termina.
Estudiarte anatómica, antropológica, psicológica y lógica Mente fuera de mis manos, ser amiga. Tocarte, ser amante. Conocerte mejor que nadie y ser madre. No me preocupa el resultado, me desvela el proceso. El hecho de meterme a recorrer tu humanidad y tu bestialidad con esa forma que es tu cuerpo lleno de alma, me posee.
Tú.
Ser detective, pintora y cirujana. Lo que siempre quise en una misma actividad. Estar al lado tuyo haciendo todo esto y que vos ni te lo imagines. Acechadora a la vista. Todo tiene su parte oscura, la recreación es realmente oscura. La creación es luz. Me reservo esta sombra movediza que me condena al placer voyeurista, retorcido y creativo.
Cuando estés terminado vas a leer esto, vas a echar una sonrisa sólo para largar el aire contenido de tu ser y me vas a mirar de otra manera tratando de conservar ese último aliento sólo para vos. Hasta quizás tu mirada ya no sea la misma.

Así,
esta obra es de los dos.
El que no muere no vive.
El que no mata no crea.
Un crimen de vida.

jueves, 21 de octubre de 2010

La contemplación (Marina Mangieri)


¡Mírenme, mírenme ya!
¿Cuántos colores ven? ¿Qué colores ven? Si es que llegan a ver algún color. Soy toda luces mezcladas que pueden llegar a marear y sólo se puede seguir la corriente de mi movimiento corriendo o caminando, con suerte. Y si paras me vas a ver la mancha gris. Preferible seguir.
No paro de cantarles “seamos traidores sólo por un día” y a eso podría agregar “cada día”. Quien crea que me conoce tiene que recorrer todos mis lugares, ese viaje puede ser infinito y sin retorno porque ya todo cambió o porque te maté en el camino. Ni yo me conozco, cada día hay un poco más, cada día hay un poco menos. Me duele la cabeza, tengo la panza inflada y los pies congelados. A punto de explotar todo el tiempo junto. Soy un pedazo dividido en mil pedazos con mil pedacitos más en cada uno.
Enamorarse de mí es inevitable, desenamorarse obligatorio. Soy de todos pero no soy de nadie. Soy el mejor no-lugar común que no exige siquiera respeto porque de ese intento soy el peor resultado.
Nadie me cuida, todos me escupen. Este es el encanto: mi violencia, mi miseria y mi impureza. Me pueden criticar por algo que me hicieron e igualmente yo soy la culpable; entonces no hay cura ni solución. No se puede romper con las costumbres si eso ya se hizo costumbre. Acostumbrémonos a una mancha más en el tigre que en realidad es un leopardo hasta que se convierte en pantera.
Si una pija no me basta es porque tengo la más grande en el centro, pero no se equivoquen que no me la metieron por el culo sino por el otro agujero y es por eso que no puedo parar de terminar empezando a cada momento.
¡Prostitución positiva!
No desprecio a nadie porque todos se desprecian entre sí. Vienen a conocerme y al otro día se olvidan de mí entonces siempre quieren volver. El olvido y el tiempo fugaz dicen ser la consecuencia de haberla pasado bien. Es la búsqueda del imposible: volver a sentir lo mismo aunque hayan olvidado el sentimiento mismo. Hasta me hicieron melodías sinfines de despedida en donde ni siquiera hubo un comienzo pero definitivamente hubo una historia; hay miles, millones de historias que alguien más cuenta o calla o inventa.
Mis verdaderos amantes son aquellos que se van, me miran y vuelven. La traición es la prueba de amor.
Mi nombre es un chiste; ni siquiera puedo respirar.
Lo único que quiero es que me miren, que me vean de verdad; es mi mayor deseo y lo que ustedes más quisieran es complacerme aunque nunca nos alcance…eso nos hace inseparables eternamente. Somos lo mismo.
No me dejen. Mírenme, de lejos, pero no me dejen nunca.
¿Pueden?

sábado, 3 de julio de 2010

Gato Negro (Marina Mangieri)



María, Dante y yo vivimos en la casa de la montaña.

María dice que tiene 85 años, es italiana y leyó mucho en su vida, creo que toda la biblioteca de esta casa, y no es poca cosa. Le gusta hacer las “palabras cruzadas” en un café del pueblo y tarda 3 horas en cocinarse una sopa.

–Cada cual tiene su manera de cocinar -dice ella.

A mí no me molesta, yo la miro desde mi pijama a través de la barra que mide lo mismo que ella, en realidad ella mide un poco más pero está doblada, tiene una joroba cerca del hombro izquierdo. Yo pensaba que las jorobas eran en el medio de la espalda pero supongo que tiene que ver con la manera que tiene uno de pararse ante la vida. Y se ve que María iba a la derecha pero miraba para la izquierda, espiaba intrigada… quizá los libros no sean lo suficiente para conformar la imaginación de una persona. De la vista anda bien, a veces una lagaña que otra se cruza con sus palabras pero sabe llevar sus pequeños ojos verdes sin pestañas, irritados la mayoría del tiempo.

Dante es un gato negro de unos 13 años. Es una bola de pelos alargada. Es realmente gordo, gigante. Se acurruca en los lugares calentitos de la casa, y en mí más que nada. Tiene ojos verdes amarillentos con la pupila negra, siempre agrandada por la falta de luz, siempre anda en la oscuridad; lleva una vida nocturna. De día duerme, como yo. El ojo izquierdo tiene un defecto, todavía no sé cuál es, siempre lo tiene más cerrado, como si desconfiara de todos, como si estuviese cansado, como si supiera algo que yo ignoro. Supongo que tiene que ver también con su manera de pararse ante la vida. Tiene un ojo más atento que el otro... ahora que lo pienso quizá el derecho está demasiado abierto y sea el defectuoso en realidad. De todas maneras ese gato es un desconfiado y encima un abusador. Habla mucho… maúlla todo el tiempo. Hace oraciones, es increíble. A veces confundo su voz con la de María pero la de él es más aguda, a pesar de ser hombre llega bastante arriba en su canto.

Yo tengo 24 años, soy un poco más alta que la barra y que María derecha. La postura de mi espalda no es totalmente erguida, tengo un problema en los omoplatos, están muy para afuera o yo muy para adentro, toda una lucha pero por suerte estoy medio gordita y no se nota tanto como en mi fiesta de 15 con ese vestido strapless y esas cámaras que revelaban todo mi ser en todo momento. Qué imagen fuerte. Mis ojos también tienen un defecto que no termino de descubrir. Algunos dicen que están muy juntos, otros que tienen una pequeña desviación; supongo que tiene que ver, una vez más, con la manera de pararse ante la vida. A mí me gusta mirar, no importa lo que cueste…aunque atrofie mis ojos o mi espalda. Por eso me gusta Dante, él puede ponerse como quiera y no se va a quedar doblado como María.

La casa es grande y de madera. Tiene arañas y tijeretas, qué nombre más horrible…me hace pensar en bichos gigantes y peligrosos; o en lesbianas pero eso no me parece horrible. Las tijeretas son las cucarachas de acá. Hay un ventanal gigante que da a una vista increíble de casas lejanas, árboles sin hojas y montañas nevadas. Para mí es como una pantalla. Claro que también es una pantalla para los de afuera. Hombres o animales que si quieren, pueden mirar. A veces me da miedo, a veces me olvido, a veces actúo; casi siempre.

María vive en un cuarto-casa, bajando unas escaleras afuera que parecieran hechas especialmente para matarla pero ella está muy bien de salud y de mente, es admirable. Tenebroso también… Me acuerdo de ese verano y de aquél gato rabioso debajo de esa escalera. Dicen que un día desapareció pero yo siempre que bajo miro…por si acaso. Siempre me dieron miedo los gatos por ese tema de que ellos saben algo que yo no, de que ven algo que yo no. No es justo.

En cambio Dante es diferente, el me deja ver todo lo que mira. Nos acostamos juntos, nos despertamos juntos, comemos juntos, hacemos nada juntos. Siempre sé donde está y si no es a la vista me lo indica con un maullido, muchas veces me pega un buen susto pero cuando descubro que es él me da mucha gracia porque hace unos gritos ahogados que podrían ser parte de una película de terror pero, en realidad, son de lo más ridículos. Me gusta dormir con él porque siento que me protege, su mirada nocturna vela por mis sueños aunque en realidad si no está lamiéndose el cuerpo está durmiendo profundamente. Hasta sueña y también hace de sus ruiditos durante. Yo lo suelo empujar a modo de “no ronques más”.

A veces bajo al pueblo. Salgo a hacer caminatas como si estuviese en el lejano oeste, miré “Midnight Cowboy” y tengo la banda sonora en la cabeza todo el tiempo. Camino y miro las montañas pasando de largo las casas como si estuviese sola en todo este lugar. En cambio si presto atención a la gente lo habito como un pueblo con casas de duendes y viejitos. Me meto en un café, tomo algo, como un chocolate y leo o escribo o algo; más que nada miro a la gente. Cuando vuelvo es de noche y en la subida a la casa está todo oscuro. Creo que mis pupilas también deben agrandarse porque mis ojos se acostumbraron y veo todo. Quizá no quiero mirar tanto por miedo de encontrarme un lobo o una tijereta pero no pasa mucho más que un perro que de día me juega y de noche me ladra. Creo que ellos no ven bien, para eso tienen el olfato pero debe ser la hora a la que terminan de comer sus dueños y todavía tienen el olor a ciervo en la nariz.

María sólo aparece de día cuando Dante duerme. Pareciera que se ponen de acuerdo y se turnan para acompañarme. Ella me dice que no le dé de comer al gato, que ella le da todos los días. Yo le hago caso, no me gusta alterar a María, es muy sensible y me preocupa que se me aparezca en mis sueños. No es que sea mala pero perfectamente podría ser una bruja de Disney. Bah…tiene el pelo corto, no sé por qué las hacen con pelo largo a pesar de ser viejas brujas. Creo que en esa película que las brujas son peladas las hicieron mejor. Nunca Angelica Huston estuvo tan linda. Una noche escuché golpes y gritos de María. En realidad ya eran las 8 de la mañana pero acá todavía es de noche a esa hora. Cuando la escuché subí rápido porque yo duermo abajo. La noche anterior cuando me fui dormir había dejado la llave puesta en la cerradura y entonces ella no la podía abrir. Me acuerdo que tenía algo en la cabeza y yo me quedé hipnotizada mirándola. Eran como vendas, se había hecho una especie de turbante para protegerse de la lluvia. Hasta ahora vengo zafando que esa imagen convierta mi sueño en una pesadilla. Pero la otra noche entre mis sueños vi como Dante se acercaba a mi cara, sentí que me traspasó, cuando abrí los ojos ni siquiera estaba acostado al lado mío.

La semana pasada María me convidó de su sopa. Me gustó, creo que me viene bien un poco de comida sana, no tanto tostado ni sopita Knorr ni atún. A parte después viene Dante y me pone su boca en la nariz porque le gusta tanto acercarse y cuando siento ese olor a pescado me descompongo y no quiero saber más nada con el atún. No entiendo cómo puede tener ese aliento si no come pescado. Igual tendría que comer trucha algún día estando acá ya que es el pez de la región.

Dante no sale nunca, a veces me pide con sus cantitos que le abra la puerta pero entra al ratito. Y si dejo la puerta entreabierta se queda mirando, vigilando. Yo salgo cada vez menos, el aire de acá me hace descansar bien, dicen que es el oxígeno, que hay mucho. Se me pasa el día mirando la pantalla o escuchando música y bailando. Me gusta encontrar figuras de esculturas en mi cuerpo. La esfinge me sale increíble.

–No salís mucho- me dice sonriendo María.

Y cuando llueve me justifica con el clima y me cocina una buena sopa, bien calentita para superar el frío. Me trata como a una reina y me habla de Dante como un rey. Somos los soberanos de su Mundo. Nosotros y las letras cruzadas, verticales u horizontales. Desde su punto de vista ella abarca todo. Ni siquiera le molesta que no me bañe.

–Nadie murió de sucio me dijo mi médico- me dice a carcajadas atragantándose con su propia saliva provocada por su cocoliche de idiomas.

Y yo festejo el chiste porque me parece verdadero y más viniendo de una viejita así. A veces siento que ella y yo nos parecemos. Me cuesta reconocerlo pero es real. Hasta hablamos de los signos y somos complementarios, tendría que preguntarle cuándo nació Dante.

Ayer estuve mirando mucho a Dante, me fascinan sus posturas. Es medio asqueroso que se chupe todo el tiempo pero es tan estético al mismo tiempo que hace que uno lo disfrute de alguna manera. Lo único que me falta es calentarme con un gato. Me hace acordar a las clases de yoga. Por eso lo empecé a imitar, sin lamerme nada, ¿no?; y la verdad es que me salieron todas sus posturas, hasta diría que aprendí a andar con cierta elegancia, como él. No es que salga a pasear mucho pero estando acá mis movimientos salen perfectos. Creo estar superando mi torpeza.

El otro día sonó el despertador y dormida me corrí para apagarlo pero me caí de la cama y aterricé con las 4 patas. Es una cama alta. Volví a subir rápido, de un saltito y seguí durmiendo. Fue raro. Soñé con María, ella era gigante y me sonreía tiernamente, por eso no me hacía sentir que era una pesadilla. Estaba todo muy bien. Me daba de comer y yo seguía durmiendo. Cuando me desperté era de noche, decidí ir a pasear. Los sonidos de la noche: el viento, los búhos, los ladridos de lejos, las melodías de los árboles musicalizaban la escena. Sentía los olores del bosque y de las montañas, hasta podía sentir el olor de la nieve eterna. Así el decorado. Miré la Luna y estaba llena, con su luz alumbraba más que nunca, me parecía todo tan nítido que me dieron ganas de tener una cámara pero sabía que nada iba a ver como mis ojos ni sentir como mi cuerpo. Nunca. Me pasé toda la noche caminando, no tuve nada de miedo y nunca había visto una noche tan hermosa. Cuando el cielo se puso celeste decidí volver, me olvidé las llaves pero estaba la ventana de la cocina abierta así que entré por ahí.

Hoy me levanté a eso de las 5 de la tarde. María estaba haciendo su comida de la noche. Me había dejado un platito a mí.

–María ¿cuándo nació Dante?- le pregunté.

–El 18 de Febrero- me contestó.

–Mirá vos, como Yoko Ono y Yo- le digo riéndome a modo de canción.

-¿Qué, mi Rey? Ahí tenés la papa- me contesta María.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Somos más -imagen y palabras- (Marina Mangieri)



Las imágenes nos cuentan
¿Lo pueden leer?
Yo lo quiero gritar sin decir una palabra
Si no nos aturdimos nos vamos a quedar sordos
Estoy tan desvanecida como mi imagen en mi más gen
Es su tiempo, les regalo mis pinceladas
Voy a buscar nuevos paisajes para colorear
Si no miramos nos vamos a quedar ciegos
¿De qué color será la soledad? Se pregunta ella por mí
Si no lo decimos nos vamos a quedar mudos:
Cuenten conmigo
Hay 7 colores
Pero las combinaciones que se pueden hacer
Infinitas
Hay 7 notas musicales
pero las melodías que nacen de ellas son tantas que
no las podemos contar
O sí
Hay muchos más de 7 locos
Ohhh sí
Somos más.

viernes, 27 de noviembre de 2009

A y Z (Marina Mangieri)


A y Z quieren encontrarse. A está a 10.000 kms. de Z. Z está a 1 año de A. La distancia las une y las separa, su incoherencia a simple vista es que la distancia de A es espacial, mientras que la distancia de Z es temporal. ¿Acaso en hechos no es lo mismo?
A para llegar a Z debería transitar por todas las letras del abecedario; en cambio Z debería retrocederlas. A sabe que todo se mueve con ella, también sabe que su camino es largo. Su destino. Z sabe que no se puede retroceder jamás y bien sabe que su naturaleza es el final. El error recurrente es decir que bastaría con que A se dé vuelta, A sabe que detrás de ella no hay nada. O decir que bastaría con que Z camine un poco para adelante, Z sabe que ahí no va a encontrar a A. Ellas no quieren caminar en círculos, ellas no creen en el círculo: lo odian, lo niegan, lo sufren. Ellas creen en algo más, algo más después de Z. A veces A pierde esperanzas sobretodo porque tiene mucho por delante; aunque eso a ella la motiva porque sabe que puede hacerlo. Su naturaleza es ir andando. A veces Z se siente terminada, se cree estancada en un fin eterno. Su tarea es difícil pero sabe que si llegó hasta ahí puede ir más lejos. Siempre suponiendo que hay más.
Toda esta historia podría generar demasiada ansiedad en A así como nostalgia en Z. A mira para adelante y estudia la perspectiva a través de las formas. Ella dibuja, improvisa. Z mira para atrás y estudia la historia con las formas. Ella escribe, poesía. La lucha de ambas es constante, buscando y encontrando su naturaleza. Heroínas de Harina. Sin Z A no podría empezar a ser, sin A Z no podría terminar de ser. Son lo mismo, dos puntas. Dirían un principio y un fin; por ahora.
Entonces, A y Z quieren unirse sin negarse, sólo las une su distancia y también las separa. Si el espacio dejara de ser espacio, el tiempo dejara de ser el tiempo, A dejara de ser A, Z dejara de ser Z; yo dejaría de escribir. Supongo que por eso no escribo, por A y por Z.